En este pequeño espacio expondremos algunas de las reflexiones que nos ha dejado la lectura del Manifiesto Pedagógico comentado en clase
Son varios los puntos de fricción que suscita el mismo, pero nos detendremos en unos pocos. En primer lugar, el manifiesto señala que no es verdad que se hayan reducido los niveles de exigencia. En mi opinión, puede que no sea así, al menos directamente. Y me explico. Creo que el sistema, dadas las circunstancias actuales, ha visto como la gran mayoría de su población joven no tiene otra salida u ocupación que no sean los estudios. La barrera se ha tenido que abrir un poco para poder hacer cupo a ese gran aumento de estudiantes que de otra forma serían un número más en la lista del paro.
Se señala también que no se está de acuerdo con que los alumnos de ahora sean peores que los de antes. Puede que no, pero lo que está claro es que no se comportan con la misma motivación, y esa es una de las claves del éxito o el fracaso. La cercanía de un mercado laboral muy cerrado hace que muchos alumnos no vean en los estudios un impulso para encontrar un puesto de trabajo, cuando antes una titulación casi lo garantizaba.
Por último, se defiende que no es cierto que los docentes de la actualidad tengan un exceso de formación pedagógica. Pues bien, tienen mucha razón y a los hechos me remito. En nuestras carnes estamos observando que la formación recibida en este campo puede que, para muchos profesionales, no dure ni 8 meses.
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